Cortejo imposible

Foto Azuaje

Un lagarto disconforme, con cara y cola descolorida, se esforzaba, sin disimulo, para encandilar a una lagarta disecada. Su disartria galopante le impedía encadenar las palabras de una hermosa poesía. Aún así, el disímil reptil no cesaba en su empeño, a priori disparatado, de conquistar a su inmóvil dama. Se impuso una férrea disciplina y, a pesar de su dislalia manifiesta, se aventuró con un discurso enlagrimado. Con voz entrecortada disertó, sin tropiezos, cuatro versos de un Neruda jovencito. Ni siquiera su débil dismnesia lo puso esta vez en aprietos. Acabó con soltura aquella hermosa gesta, pero la lagarta distante ni siquiera se dignó a mover un fisco su cabeza. Allí siguió, seca y recta, mirando al infinito con sus ojos desvaídos.

     Ante tamaño desprecio, visiblemente apenado, se despidió de la fría doncella con un elocuente disfemismo: “es una pena, señorita disidente, que su alma se la haya entregado a un triste taxidermista. Ahí se queda usted con su belleza eterna. Yo me voy en busca de alguien con sangre caliente”.

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4 pensamientos en “Cortejo imposible

    • Muchísimas gracias, Chusmorris. Es verdad, en estos tiempos de enrarecidos aires, hay que abrir las ventanas para que la casa recupere la frescura. Un besazo desde esta Isla que echa de menos a la panzaburro y que está a punto de sacar a los santos en rogativas, a ver si llueve y les cae un chaparrón de cordura y sensibilidad a los que nos malgobiernan. Espero que a tus contactos también les guste lo que por aquí se asoma al mundo.

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