Libélula

Foto: David Aceituno

     La libélula de alas trasparentes, luciendo su turquesa vestido, pareciera que levita sobre las estancadas aguas del estanque. Se queda suspendida, colgada en un punto imaginario, en una entusiasmada lección de acrobático vuelo. Su laborioso aleteo lo ejecuta sin esfuerzo y, en su parada transitoria, se recrea en las aguas espejosas de la artificial laguna.

     Desde la distancia prudente la observo, con carita de lelo, realmente boquiabierto. Ella no se percata y en su intimidad supuesta deja caer una lacónica lágrima que esparce sus saladas ondas hasta los fines del estanque. De inmediato, leal a sus genes, cambia de rumbo, veloz, y como si un látigo la azotara, desaparece por el levante. Me quedo en obligado letargo, pensando en qué pasará a lo lejos. ¿Dónde estará mi linda caballita del diablo? ¿Acaso se perdió en la lejura? ¿Por qué lloró?

     Mis ojos se instalan en la legítima espera. Hasta renuncio al parpadeo y mi respirar se hace leve para desterrar a la pérfida angustia. De pronto, levanta vuelo de nuevo y aparece por mi palpable horizonte. Ahora es, quizá, más bella. Y, desafiando las absurdas leyes, cual animal de antigua leyenda, me regala una mirada tierna y se para, brusca, en el medio del estanque.

    Vuelve a levitar y su llanto diminuto se hace presente, otra vez. Encharca sus ojos tristes y una lágrima sentida, cae. En la superficie, flotando, un precioso folelé muerto recibe su particular lluvia de amor.

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s