Alzado

Foto: Juan Yanes (eloscuroborde.wordpress.com)

 Allí seguía. Donde sus abuelas amasaron el barro. Donde sus padres criaron el ganado y, a fuerza de golpes, centrifugando miles de gánigos de leche, año tras año, le sacaba la mejor manteca de todo el menceyato.

     Allí seguía. Ahora vencido y acorralado. Perseguido. Silenciado.

     Hasta que vinieron a quitarle sus animales y sufrió tanto viendo como los degollaban que se secó de lágrimas, de sangre y de sentimientos. Fue así como él, también, se dejó apresar. Hundido.

     Ya sólo quería acompañar a sus cabras en su último viaje. Hasta la Baja Andalucía. Allí, los parientes de los voraces colonos, pagarían muy bien por sus pieles. No tanto por su esclavitud.

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