El Jardín Botánico

Obra: Leonid Afremov

 Para Mario, Benedetti claro.

     Anoche tuve un sueño. Soñé que soñaba que estaba en un sueño soñando. Y en el sueño decidí que no quería seguir soñando. Que lo que iba a soñar no podía ser un sueño. Soñé que Eva también soñaba y, como yo, decidió no seguir soñando. Los dos queríamos tocar la realidad.

     En el sueño que no soñé, aunque estaba soñando, Eva apareció en el Jardín Botánico. Me gustaba ir allí, a leer poemas de Mario. Lo habitual era encontrarme a la izquierda del roble. El me ofrecía serenidad. Ella me ofrecía ternura. Por eso me alegró verla llegar entre la niebla. Sin palabras, sin preámbulos, nos amamos. Nos unimos en un solo cuerpo y en un solo sueño. Nuestras pieles, húmedas, después, descansaron. Nuestros corazones se calmaron bajo aquel árbol.

     Hablamos y decidimos que aquello no era un sueño.

     Hoy, en la tarde, me encontré con Eva. Me contó que había tenido un sueño. Que soñó que soñaba que estaba en un sueño soñando. Y en el sueño decidió que no quería seguir soñando.

     A las siete, cuando Eva se fue, cogí un libro de Mario y me fui al Jardín Botánico. A las ocho, los dos seguimos soñando.

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4 pensamientos en “El Jardín Botánico

  1. Que me has puesto los pelitos de punta, y seguro que a Mario tb.
    Gracias por tus sueños compartidos, que en muchas ocasiones también comparto.
    Un beso y un abrazo muuuuuuuyyyyyy largo.

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