Ahora duermes

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     Ahora duermes pero, hasta hace un rato, me regalabas sonrisas sin pedir nada a cambio. Jugábamos con las manos, inventando animales y castillos de puertas grandes. Cruzábamos puentes imaginarios o empezábamos cuentos que nadie sabe por donde pueden transitar y eso los hace mágicos. Al menos a tus ojos grandes y a tu atención desmesurada, sin complejos, que se excita en cada esquina que dobla el personaje. Andamos creciendo juntos, aprendiendo. Me enseñas que un abrazo puede hacer que el mundo estalle en colores, que la vida se descubre todos los días, detrás de todas las puertas. Que las cosas menuditas pueden ser realmente lindas. Que somos tontos queriendo poner alambradas a nuestra imaginación. Que es absurdo encerrar las emociones en botellas oscuras.

     Ahora duermes, y te veo tan lindo. Ojala crezcas amando la hierba fresca y la palabra que nos sale de las almas. Que el tiempo no te atosigue sino que te acompañe. Que los versos de los poetas revoloteen por tu mirada. Que la tolerancia te abra las veredas de la amistad.

     Ahora duermes y descansas. “Dulces sueños, mi niño”. Mañana despertarás y le diremos buenos días al sol solito. Y nos quitaremos los pijamas de cochecitos locos y nos iremos, juntos, a descubrir este mundito que nos toca cuidar. A llenarlo de ositos parlanchines y de monstruos graciosos que nos comen las orejas y de caballeros con espadas invisibles que suben a los castillos a salvar a las princesas. Los tres juntitos, abrazándonos cada vez que nos dé la gana, dándonos besitos de conejos o de esquimales o besotes enormes como los que das a los abuelos y a las abuelas. Cabalgaremos a trote lento sobre cualquier escoba y como Don Bigote y Sancho Panza moldearemos el mundo a la medida de nuestra felicidad. Miraremos a los bichitos cómo se las arreglan en sus vidas chiquititas y cantaremos la canción del cocodrilo y el orangután.

     Ahora duermes y yo solo te miro. Abobado, sintiendo como esta lágrima feliz me baja por la mejilla y se mete en mi boca y me la trago y la guardo calentita en mi cuerpo para que mañana, cuando vuelvas a dormirte vuelva a salir y con ella el amor que, cada día, ando condensando.

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4 pensamientos en “Ahora duermes

  1. Exquisito el texto, Jose. Ojalá un día nos durmiéramos todos los adultos del planeta a la vez para despertar luego en un mundo construido por esos locos bajitos, una enorme Albanta.
    Abrazos compañero.

  2. Amigo, estoy convencida de que vienen para que aprendamos de ellos, para enseñarnos la vida desde otro lado… Aunque crezcan seguiremos observándolos mientras duermen, seguiremos vigilando sus sueños y sonriendo cuando, cada día, nos dan una lección…
    Un montón de besos y gracias mi niño.

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