Soy un terrorista

Foto: masclaroagua.blogspot.com.es

Foto: masclaroagua.blogspot.com.es

Hola a todos, me llamo Laislaquemehabita y soy terrorista.

     En la sala se oyen aplausos de apoyo. Son muchos en la sesión de hoy. Será porque sabían que tocaba presentación de compañero nuevo, de otro valiente que se suma a la rehabilitación, a la dinámica grupal, a la reinserción. Todos tienen su propia historia, casi siempre coincidente, salvo ligeras variaciones. Después de las palmadas y las palabras de ánimo y de felicitación, debo empezar mi relato de vida.

     “La verdad es que no sé exactamente cómo empezó todo. Recuerdo algunas lecturas semiclandestinas, textos que excitaban mi adrenalina adolescente, palabras que me situaban en otra dimensión y que inyectaban la dosis de veneno que me ha acompañado hasta estos días. Las utopías se instalaron en mi vida y la adicción empezó a crecer, monstruosamente. Luego vinieron las amistades, algunas ya rehabilitadas, correctamente obedientes, con sus hijos en colegios de pago, con formación religiosa y ropitas de marca. ¡Se las ven tan felices! Otras no han tenido igual fortuna y siguen enganchados. Pero no quiero desviarme. Continúo. Una vez hice una pintada, con spray verde y dos compañeros. Otra vez repartí panfletos y muchas otras hablé en asambleas, reuniones, comités, colectivos y otros auditorios ávidos de rebeldía. También escribí comunicados, elaboré fanzines, me vestía con pañuelos de colores, llevaba pantalones gastados y alpargatas de goma. Fui políticamente incorrecto, insubordinado, protestón, hippy, radical… y acabé siendo antisistema. Eso fue lo peor. Las circunstancias me llevaron hasta el abismo y, casi sin planteármelo, acabé con una sudadera grafiada con una estrella roja y plantado delante de un portal, megáfono en mano, gritando ¡no es un suicidio, es un asesinato!

     No quiero cansarles con mi relato, pero debo apuntar algunas cosas más que necesito decir para descargarme de ese pasado e iniciar el nuevo camino. Me hice solidario con nicas, saharauis, cubanos, palestinos, bolivarianos, chilenos y con todos aquellos que compartían mi adicción. Secundé huelgas generales y participé en piquetes. Le hice frente a la policía y alguna vez hasta me identificaron. También fui ecologista y estuve en un sindicato. No uno de esos formales, que negocian y alaban la buena disposición del patrón. No. Necesitaba chutes más fuertes, de esos que no se doblegan y pelean hasta la última conquista. Reduje el consumo televisivo a su mínima expresión. Leí todo lo que cayó en mis manos y, casi siempre, pensaba. Reflexionaba, en ese absurdo círculo de cuestionarme lo que me vendían. El veneno hacía su efecto y aclaraba mis ideas. Llegué a no creer en el sistema. Hasta tal punto que acabe maldiciendo a todos los pilares que, a partir de hoy, descubro que son mi verdadera protección. Maldije a los bancos, a los gobiernos, al bipartito, a la representatividad democrática, a los grandes empresarios, a la religión y a la aristocracia. En lo más profundo del hoyo en que andaba metido, maldije, por último, al capitalismo.

     Me bañé desnudo en las playas de arena negra. Escribía literatura contestataria, de compromiso social la llamaban. Lucí, durante un tiempo, barba y pelo largo. También me rapé. Hice autoestop y estudié una carrera universitaria para saciar mi adicción al conocimiento. Historia. Muchas veces levanté el puño y marché, con la legión de partidarios de una nueva vida, por manifestaciones y otras algaradas callejeras. La verdad es que éramos un montón atraídos por la droga de la justicia social. Ahora dicen que son muchos más. Pero gracias a Dios y a nuestro gobierno que nos muestra el camino, es hoy cuando descubro el sentido verdadero de la existencia.

     Sé que va a ser duro. La reprogramación será mi prueba. Estoy seguro que podré contar con su ayuda, con su experiencia y con su protección. Huiré de los pobres que gritan y de los jóvenes que dicen que les secuestran su futuro. De los que se declaran esclavos del trabajo o de los bancos. De los parados y de las feministas. De los intoxicados, de los engañados, de los manipulados, de los politizados. Evitaré a los que se dicen pacifistas. Quemaré mis libros de Neruda y mis discos de Janis Joplin. Me compraré un polo rosado, me rasuraré la cara cada mañana y pondré orden en mi cabellera. Mi gran deseo, y en ello vaciaré todo mi empeño, es conseguir la venda sagrada, como ustedes. El terrorismo, para mí, empieza a ser pasado. Muchas gracias.”

     En la sala se vuelven a oír aplausos que suenan a compromiso, a protocolo. Y yo, mirando aquella docena de rostros vendados, me empapo de tristeza y tiemblo.

     Les tengo miedo.

Anuncios

7 pensamientos en “Soy un terrorista

  1. Es una gozada leer cosas como esta con las que sentirse identificado plenamente. Al menos nos queda la palabra y el sentimiento revolucionario para abordar a “los vendados”. Supongo que la venda no les sirve para evitar oír ese grito inconformista… ¿o sí?
    Un abrazo, compañero

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s