La musaraña altanera

Ilustración: Kris-Tea

Ilustración: Kris-Tea

     La k escasea así que esta historia será más rápida que un golpe de kárate. Hubo una vez un káiser enloquecido con las teorías kantianas. A tanto llegó su delirio que le propuso matrimonio a una musaraña altanera. “Paso un kilo”, le contestó la diminuta roedora. Y el emperador, ante la rebeldía manifiesta y entonando un lastimoso kirieleisón, dimitió.

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