Para oír a los muertos que escondemos en la mar

Foto: PepeFotos

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     Yo no me llamo Jose. Me llamo arena de playa. Fina, diminuta, negra, aterciopelada. Me llamo espuma y sal en el aire. Blanca, húmeda, invisible. Mi cuerpo es alargado y fino, como el hilo por donde deambulan las falúas trapecistas.

     No soy voz ronca sino sugerente murmullo. Incesante ronroneo que apenas habla y solo entona la canción monótona del arrullo tierno. De un arroró cualquiera. De una madre de pechos grandes y regazo acogedor, sereno como el aroma a incienso en las tardes de mayo.

     No tengo ojos regañados sino pedazos de luna inmortal que se voltean hacia mi espalda, rebuscando entre los arritrancos un cachito de recuerdo. No tengo orejas para escuchar el dolor del silencio de los tiempos sino para el zumbido de las abejas negras y el grito de los sin voz. Para oír a los muertos que escondemos en la mar. Para sentir la lágrima que se desliza por los surcos del olvido, arrastrando palabras que buscan, como locas, oídos para hablarles.

     No soy hombre sino niño que se esconde en las esquinas, que acecha el horizonte y vigila a las manos de esperanza. Niño con alas de pardela y ojos de cernícalo. Con dedos encarnecidos de tanto arañar la tierra. Con una sonrisa amplia que compite con la luna que crece.

     No soy niño sino hombre que se aferra a la inocencia. Que corteja a la palmera y se enamora y la fecunda. Que sueña con ser cangrejo y pasarse la vida caminando veloz hacia delante y hacia atrás. Un cangrejo rojo, colorado como las pimientas, como la cochinilla recién escachada. Un hombre niño y abuelo que se sienta en cualquier cuneta para contarnos lo que fue. Nieto para escuchar a los viejos y aprehender lo que somos.

     No soy hombre sino drago que envejece, colgado en las aristas del barranco. Aferrado con sus raíces como garras de guirre resucitado. Esforzándose para parir semillas que alarguen mi existencia.

     No soy hombre sino mujer que amasa vidas y transmite herencias intangibles. Kilos de ternuras y lunares en el ombligo. Soy mujer que no tiene nombre porque anónima es la resistencia. Soy mujer porque soy tierra. Porque soy arena fina de playa negra.

     Yo no me llamo Jose. Solo soy un disciplinado destello del eco de la memoria. Mi nombre es Domingo, Ascensión, Manuel, Jerónimo, Fina, Jonay, Ancor…

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