Ustedes y nosotros

We and them. Bob Marley, 14 de septiembre de 1980

     Nosotros no sabemos como nosotros y ellos vamos a solucionarlo. Nosotros estamos desconcertados. Lloramos por el dolor que nos causan, por la sangre derramada, por la libertad nunca plenamente conseguida. Derramamos lágrimas inducidas por el engaño y por el robo. Lloramos de rabia.

     Así que lo único que sabemos es que lloramos. Y también dónde está el lago que alimenta nuestro llanto. Ustedes y nosotros tenemos un problema. Así de claro. Lo llevamos arrastrando desde hace mucho tiempo. Es un problema de hambres y de gentes sin casa. Es un problema de…vamos a evitar las metáforas…es un problema de riquezas. Se las queremos quitar. Para repartirlas. Así de simple. Nosotros lloramos porque no vivimos. Lloramos porque su voracidad no hace más que amargarnos nuestra única existencia. Trabajamos, generación tras generación, para ustedes. Nos programan, pero los sistemas operativos siempre tienen fallos, virus. Y los nuestros están infectados, envenenados, sentenciados. Les fallamos y fue cuando eso que empezamos a llorar.

     De verdad que nosotros no sabemos cómo vamos a solucionar esto. Pero de alguna forma habrá que hacerlo. La muerte ya no va a seguirnos a nuestras espaldas. Ya no nos clavará más sus garras. Ahora tendrá que venir con otras maneras, más educada y más dulce. Los niños ya no van a continuar nuestros llantos. Cantarán canciones nuevas. La Tierra se convertirá en nuestra casa y dejará de ser de su propiedad. La compartiremos con nuestros hermanos. Las escuelas romperán los muros que las cercan. Las paredes volverán a hablar. Desconectaremos totalmente el sistema e implantaremos el software libre. Sólo cuando empecemos a reinventar los colores, se nos quitará tanto lagrimón. Así que no queda otro remedio que incautarnos de su riqueza y hacerla desaparecer en unos cuantos miles de millones de pedazos. A partir de ahí, ya nos iremos arreglando.

     Es obvio que el problema existe. Pero no sabemos cómo vamos a solucionarlo. Por lo pronto, nosotros somos muchísimos más que ustedes. Y anunciamos que, desde hoy, nos declaramos en asamblea abierta y permanente, hasta que demos con la respuesta al problema de cómo arreglamos esto entre ustedes y nosotros.

Anuncios

No volveré

…Por la tarde fuimos a Tlaquepaque, uno de los municipios del área metropolitana de Guadalajara, con cierto sabor y con muchas tiendas de arte, de artesanía y de decoración de alto standing. Hace un día que estoy en México, recuperándome ya del encontronazo y paseando por la calle de las tiendas. Observando todo lo que pasaba a nuestro alrededor, mi mirada, de repente, centró toda la atención que podía prestar en una mujer y un muchacho. Él con una guitarra, vieja y desgastada. Ella con una lata en sus manos. El chico se arrancó a tocar, rasgueando toscamente las cuerdas. Con los primeros acordes, con una voz dulce y rota por el lento pasar del tiempo, la mujer empezó a cantar “No volveré”. El silencio se hizo a mi alrededor y solo me llegaba el cantar arrastrado, pesado, que me hizo recordar a Chavela, a darme cuenta que todo el alma de México se estaba condensando en ese momento y en ese lugar.

Nadie reparaba en ella. Era como un fantasma que no querían ver. La otra cara de las tiendas ricas. El otro rostro, el verdadero, quizás, de este País.

La mujer era grande, mayor, aunque no vieja. Corpulenta, de caderas anchas y manos grandes. Con falda larga y pies descalzos, con sueter viejo y pelo recogido, transmitía una tristeza embriagadora, dulce, melancólica y, por momentos, una tristeza de cierta resignación, de cierta derrota. Morena, del color de los pueblos indígenas, cantaba sin estridencias, como sin querer llamar la atención. El muchacho la acompañaba, como un bastón en el que apoyar su canto.

Estaban sentados en un sillón de láminas de madera. Solos. Con una cacharra que guardaba tres monedas. La mujer cantaba con la cabeza ligeramente inclinada hacia atrás. Con los ojos cerrados.

La mujer… era ciega.

No volveré, Chavela Vargas. Vale la pena cerrar los ojos y escucharla.

¡Viva la lucha de los mineros!

     A la puerta del Pozo de Candin los mineros cantan, puño en alto, su himno de resistencia y lucha. Le cantan a Santa Bárbara. Nos cantan a todos y nos muestran dónde está la dignidad. Le cantan a sus compañeros encerrados y le enseñan la canción a sus hijos. Ellos la aprendieron de sus padres, también mineros, de sus abuelos, también mineros. Una cadena que los hace fuertes. No quieren que los entierren en vida. Por eso tiran voladores. A Santa Bárbara, que los protege, y a la Guardia Civil, que los agrede.

     A las puertas del escondite de los parásitos, en Madrid, las compañeras de los mineros, puño en alto, se dejan la voz cantando el mismo himno. Los medios de manipulación masiva las ignoran. Pero ellas saben que no están solas. Que los mineros están acompañados. Que ya somos multitud los que estamos hasta los cojones.

     Desde esta Isla sale, en paquete urgente, un montón de solidaridad y dos videos llenos de fuerza. Rage Against the Machine con un supertemazo, Freedom y Zack de la Rocha recitando un poema-canción de Víctor Jara, en 2010, en Santiago, dedicado a los mineros chilenos encerrados, en ese momento. Mucha resistencia, mucha lucha y muchas victorias para todos y para todas. Que lo disfruten.

Que no nos digan que no

     En estos tiempos convulsos en los que tenemos que reinventar el presente. En estas horas en las que hay que alimentar la lucha, la esperanza y el optimismo, que nadie nos diga que no podemos cambiar la dirección del mundo, que nadie nos niegue que debajo de los adoquines hay arena de playa.

     Material de contrabando. Creadores. Combativos. Jóvenes. Optimistas. Canarios. Cuatro minutos deliciosos. Un chute de energía buena. Antídoto contra el desaliento. Un empujón para salir a las calles y reapropiarnos de nuestras vidas. Ni marionetas, ni robots, ni esclavos. Que no nos digan que no.

La fiesta

Para este día de fuerza y de lucha. También de fiesta. Para todas esas mujeres que me han enseñado lo lindo y maravilloso que es este mundo. Para que sigamos luchando pa’ que las cosas sean aún mucho mejores. Juntos y juntas. Que nadie nos prohiba lo que queramos hacer con nuestros cuerpos y nuestros pensamientos. Que nadie ose tocar nuestra libertad. Para ser madres o padres, o para abortar. A todas las que, cada día un poquito, luchan por la dignididad, por la felicidad, por la igualdad, por la solidaridad. A todas las que me han enseñado a ser un poco más mujer: un beso enorme y un lindísimo tema de Amparanoia.