Es noche

Foto: laislaquemehabita

Foto: laislaquemehabita

     Cuando el barrio duerme, cuando la Isla ya se acostó, me gusta subir a la azotea de la casa. Mirar hacia abajo, al mar que acurruca a las gentes de la costa, a las luces que se empeñan en que siga siendo día, sin conseguirlo, porque la oscuridad siempre les gana el pulso. Con la brisa que baja fresca de las montañas mis pulmones rejuvenecen. Ella va acallando el ajetreo y, como una dulce canción de cuna, adormece a los habitantes del Valle. Las viejas calles descansan de tanto pisoteo, los gatos aprovechan que nadie los importuna y los murciélagos se recogen, después de una buena cena mosquitera. Imagino a las brujas desnudas, desafiando a la moral ramplante, y a los amantes locos de deseo. Veo como las ventanas se cierran y la humana vida se recoge, dispuesta a aletargar, vencida por Morfeo. Oigo las últimas discusiones, la antesala del silencio, los abrazos de los viejos. Esos que llegan con el cariño acumulado para decirse no te preocupes, estamos juntos. Veo cómo los televisores se resisten al botón del off y siguen cantando mentiras como puños a los últimos desnortados.

     Soy como un cernícalo que trata de avistar una presa huidiza. Abro lo ojos y levanto la cabeza. Agudizo el oído y rebusco hasta encontrarla. Pero no aparece y entonces solo queda volver a la paciente observación. A escuchar los cuentos que se leen para dormir tranquilos, para sentirse amados, protegidos. La oscuridad limpia el cielo de reproches, borra los disgustos y nos devuelve la inocencia, la pureza de los sueños que vendrán. Ellos no mienten y son libres.

     El tiempo se va parando y casi todo queda inmóvil. Es el tiempo de acumular esperanzas, de hacerte con la seguridad de los cambios, de invocar a las musas, de saborear la vida. Pero, sobre todo, es tiempo de bajar a ver a los chinijos, de arroparlos para que la noche no les incomode sus quimeras. Es tiempo de apagar candelas y de esperar, con el corazón abierto, que una mano se deslice lenta por la piel ilusionada. Es tiempo de azahares y yo, con una mano en la mar, así lo espero.

Otro mundo es posible, es necesario y es imprescindible.

     No es mi intención el habituarme a publicar discursos, en el buen sentido de la palabra, en este blog. Pero a esta Isla le emociona ver a personas cuyo nivel de dignidad, de coherencia, de optimismo y de lucha es, simplemente, ejemplar. No digo que nadie tenga que ser así, pero sí digo que tenemos la obligación de escuchar a otras voces. Las que nos hablan de las luchas de los mineros de Asturias y León, sin manipulaciones. De las que escriben y crean desde el 15M. De las que luchan, cada día en muchos barrios, por la solidaridad y la justicia social. De los sindicatos más comprometidos, los que comparten pero no dirigen, las luchas de los trabajadores y trabajadoras de este País, que también me habita. De las personas que se dedican a la política con honestidad, que se entregan por mejorar las condiciones de la colectividad  y por extender la igualdad entre todos y todas. Escuchar a personas como Juan Manuel Sánchez Gordillo, alcalde de Marinaleda, quien en la página web del Ayuntamiento se nos aparece sonriente y con una pegatina contundente en su camisa de jornalero, que dice: “Guerra NO”. Vale la pena escuchar la voz de la utopía. Y, muy por encima de eso, vale la pena ser capaces de creernos que la utopía es posible. Es la única forma de caminar hacia ella. Atrevámonos con la REVOLUCIÓN y construyamos un mundo nuevo. Les aseguro que es posible.