Soledades

Foto: http://labrujulaocioycultura.com/

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        Hoy se marcharon todos los poetas. Me dejaron solo. Organizaron una excursión por la Isla y pasaron de mí. Anoche los vi trajinando en el salón. Se juntaron para preparar el viaje y cambiaban de conversación cuando yo entraba. Se llevaron la guitarra y los poemas de amor y las palabras que me implican en los sueños. Se llevaron mi viejo cuaderno de apuntes y se llevaron las caras y las manos y los ojos que dibujan mi existencia. Se llevaron a la mujer morena y sus muslos de arena negra y su piel de seda y sus caricias de jazmín. Se llevaron la tetera azul y las cinco palabras dulces que de mi amada quedaban y las canciones de la Trova. Se llevaron la ternura del silencio que, con paciencia, mi madre me enseñó.

       Cuando volvieron, dos días después, les impuse un severo castigo. A limpiar el cielo de palabras necias los mandé. Y les ordené que jamás salieran de casa y que no se bajaran de los anaqueles sin mi permiso y que siguieran, por siempre, compartiéndome con su entendimiento y con sus amantes. Así aprenderían a respetar mis soledades.

 

 

 

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